viernes, 13 de mayo de 2016

Los platos que hablan, de Carlos Villoslada.


Había leído a cerca de mensajes en una botella, enrollados en papel, viajando por el mar en el contexto de un cuento, una novela o una película de aventuras. Pero nunca imaginé un plato como soporte para transmitir una idea, un deseo, o un lamento.

Lo que Carlos Villoslada hace con estas vajillas de porcelana desparejadas, traídas de aquí o de allá; piezas supervivientes de épocas pasadas que nadie quiere o en las que nadie repara, es algo poco común.

Golondrinas que anidan en platos y soperas, corazones, raíces..... La obra de Villoslada se expresa mediante símbolos que transmiten el deseo de volver, la añoranza de la tierra, o el pulso de la vida que late en corazones unidos frágilmente por un delgado hilo. 

"Amame menos, pero ámame más tiempo" o... "ne me quitte pas" .... no me dejes.



Hacía mucho tiempo que quería hacerle una visita y ver su obra en el mejor lugar posible, allí donde tiene su origen. En su casa-taller en la calle Sagasta en la ciudad de Logroño.

Suena la melodía de la película de Amelie y el galgo Regen hace su aparición como si se hubiera escapado de algún lienzo porque es tan bello que no parece real. No mucho tiempo después descubro a Calle que se llama así porque estaba ahí, en la calle; un nombre tan sencillo y tan auténtico que resulta incluso genial.

Es de color blanco porcelana como los platos que también nos miran colgados en la pared.




Carlos me dice que empezó a dibujar raíces a propósito de su estancia en Song Zhuang; China, lejos de su tierra y el calor del hogar. Y que las raíces, los corazones, las golondrinas, las ramas y los nidos quieren expresar un poco el mismo sentimiento o idea.



También hay platos en pareja que sólo cobran sentido el junto al otro, que se conectan. Corazones partidos en dos que se dan la mano en la pared. 



Fetos y su cordón umbilical; la raíz de los seres humanos.

Los mensajes de Carlos que también estampa en tela suenan así de bonito: "déjame anidar en tu alma", "vuela conmigo", "sé que eres tú", "te esperaré", o "no dejes de ser habitual esta noche".




Carlos vive rodeado y sumergido en su propia obra. La filosofía que refleja en su arte como el reciclaje, la segunda oportunidad, la belleza en los objetos cotidianos que ya no interesan, es también su filosofía de vida.

La butaca de la sala de estar es un ejemplo precioso de como algo trasladado de un contexto a otro totalmente distinto, se reconvierte y renace. 


"Todo lo que quiero está en tu interior" sobre la butaca de su casa absolutamente vintage. Y debajo su mirador y un cojín sobre la silla de rejilla que dice "no me dejes".... "ne me quitte pas" como la canción de Jacques Brel.

Estampado, el motivo de la mula; un referente de su infancia en el campo. En su interior anida una golondrina de nuevo, sobre una rama.




La maravillosa y mítica canción finaliza con un "Laisse-moi devenir l'ombre de ton ombre" .... "Déjame convertirme en la sombra de tu sombra" que bien podría ser, tirando del mismo hilo, un buen mensaje para otra ocasión.

Extraordinaria sensibilidad y deliciosas porcelanas viejas, rotas, o cascadas, que renacen y cobran vida con los pinceles de Carlos Villoslada.



2 comentarios:

  1. Qué preciosidad, gracias Bea por descubrinoslo, bssss

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  2. Muy linda decoración. Transmite libertad, paz, tranquilidad...
    Buen trabajo!

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